Tres puntos de vista de tres personas distintas en sus reflexiones en cuanto a moda.
PRIMER PUNTO DE VISTA
Hace unos cuantos meses, una de mis mejores amigas me comunicó que había
dejado de comprar en las grandes superficies de ropa como H&M,
Inditex, y cualquier otra cuyas importaciones proviniesen de países como
China, Japón, Taiwán y demás países con mano de obra explotada. Ella
quería sobre todo, incentivar el mercado nacional, comprando
manufacturas españolas (o incluso italianas, francesas...), pero pocos
días después se volvió loca por un vestido que he de decir, le quedaba
estupendamente bien, de H&M. ¿Y quién puede culparla?
Hoy en día, para hacerte con prendas made in Spain necesitas una
de esas tarjetas GOLD que el director del banco entrega a los ricos de
las películas con una gran sonrisa pintada en la cara. El mercado
europeo aumenta sus precios al mismo ritmo que decaen sus producciones
(al menos las asequibles), nada que decir sobre la haute couture y todo su séquito, por descontado.
SEGUNDO PUNTO DE VISTA
Antes de ayer, al salir de trabajar, decidí que ya era hora de comprar
la tela para ese nuevo vestido que mi cabecita creadora lleva un tiempo
imaginando. Como buena alicantina, aproveché las ansiadas rebajas de
JULIÁN LOPEZ, la tienda de telas más vistosa (y cara) de mi ciudad,
altamente conocida por todos los alicantinos amantes de la costura
(incluida yo), abrazada en pleno centro por Benetton y el Corte Inglés.
Me paseé por toda la estancia, embobada y absorta en los colores, las
texturas, las diferencias de cada uno de los maravillosos tejidos, y me
quedé petrificada ante una serie de lanas lo suficientemente ligeras
como para poder llevarlas en primavera y lo suficientemente rebajadas
como para poder permitírmelas. Ahí estaba, era la mía. La tela perfecta
para mi vestido. Un tejido de pura lana italiana, con un tacto
indescriptible, de un gris oscuro profundo acompañado por unas casi
translúcidas rayas rectas. Solo me hizo falta un segundo para
autoconvencerme, bueno eso, y el 70% de descuento que colgaba en un
cartel justo encima.
Estaba a punto de pagar, cuando el amable y experto dependiente me habló de la ganga del día
(que debe ser resaltada en vivaces colores). Ese día, y solo ese día,
habían puesto todos los fulares y pañuelos que les quedaban de rebajas a
6 y 3€, y me invitó muy caballerosamente a acompañarle y deleitarme con
sus géneros.
No voy a aburriros con mis sensaciones de puro deleite, solo deciros que
me pasé todo el camino de vuelta a casa acariciando mis dos nuevas
adquisiciones, un fular de hombre con tejido de Armani, 100% lana virgen
italiana para regalarle en San Valentín a mi chico, y otro algo más
largo para mí idem de lo mismo.
TERCER PUNTO DE VISTA
Al llegar a casa corrí a enseñarle a mi madre (ya imaginaba su
entusiasmo) mis nuevas compras. Feliz para el resto de la tarde empecé a
instalar cada cosa en su nuevo espacio vital cuando apareció mi hermana
pequeña por la puerta de mi habitación. Con sus 17 años, ha seguido
bastante mis pasos con respecto a moda, aunque ella se ha estancado
bastante en Inditex.
Le enseñé a ella también mi nuevo fular gris (dejando la tela de lado
puesto que ella no es excesivamente apasionada de la costura), cuál
tesoro comencé a acariciarlo ante sus ojos, describiéndole la calidad,
la riqueza del tejido, la suavidad y calidez del tacto (obviando mi gran
adoración por mi nuevo pañuelo).
Anonadada vi como destrozaba mis ilusiones de niña pequeña, al
preguntar, sin darle mayor importancia a mi apasionada explicación <<¿Pero, de que marca es?>> SACRILEGIO
No había entendido absolutamente nada. La marca no es nada, no significa
nada. Chanel no vende una marca, ni vende lujo, ni siquiera status
social, eso no es la moda. La moda es sentirte abrazada por una segunda
piel llamada seda italiana, la moda es sentir la calidad absoluta de
cada prenda y no querer quitártela jamás, la moda es sentirte bien con
lo que llevas puesto.
Las marcas tan solo son logos colgados de una bonita percha.
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| Sin duda Coco se revolvería en su tumba |
