Soy exactamente una de esas.
Soy una de esas mujeres, capaces de añorar tiempos no vividos, olvidados de la mano del tiempo y concentrados en el période bleue de madame Birkin.
Soy una de esas mujeres que adoran
la sencillez del algodón hasta la rodilla y la sensualidad de la cintura
alta, una de esas que todavía escribe acompañada de vieja música de los
60 y se inspira llevando los labios pintados de rojo.
Soy una de esas mujeres que adoran
la ropa de día y tienen que beber una copa de vino antes de vestirse de
noche. Puede salir decidida a encontrar la petite robe noire parfaite,
llegar a la parte de pantalones de pinzas y volver a casa cargada de
fulares grises 100% lana italiana.
Una de esas incapaz de encontrar el vestido de noche apropiado.
Aquel que en las noches de luces,
te hace reír a carcajadas con tus 3 mejores amigas ante el espectáculo
constante de cigüeñas epilépticas 30 centímetros más altas, ¡eso sí!
siendo consciente de lo sexy que resultan los stilettos adecuados.
Aquel que te hace suspirar por las
veladas de una época dorada, envuelta en la elegante sencillez del
negro, y admirando a cada paso el coqueteo de los que vivieron antes que
tú, mucho antes.
Y cuando lo encuentras, no puedes más que comprarlo.
